
Presa en una estampa de un domingo cualquiera. Fresca tarde, mecedoras, golosinas, helados; un día ya esperado. El parque central allá en Baní, caminado en puntillas deslizándome por las columnas y peldaños, gente alrededor digerían ese ambiente, pero no como yo. Renacen en mi mente esos momentos. La glorieta sus columna y escalones. protegían las rosas, flores, árboles y sus fragancias. Los bancos de granito y concreto, la estatua, los faroles. rústicos ladrillos; eran una alfombra mágica de una tarde acogedora. Sonriente brisa refrescaba las risas, correteos de traviesos chiquillos se perdían entre faldas y sombrillas. La banda de música, el trombón y los platillos mataban mi curiosidad.
En un rinconcito dos jovencitos manitas sudadas, con miedo, se descubriera la premura de su amorío. Otros ya mas grandecitos “bulteros” no ocultaban sus conquistas. Ellas, tímidas boquitas pintadas coqueteaban con dulzura y seriedad, risueñas muchachitas con trajecitos de flores. Adornaban su pelo mariposas, cuando delataban sus coqueteos. Parejas y disparejos. Sombreros, esos eran únicos. Hombres altos y esbeltos, unos medio cuerpo, otros doblados por el tiempo, con galantería desvestían su pelo de su atuendo cuando damas solitarias, deambulaban en los pasillos del parque, con cada pisada apostaban esperanzas en la calzada, esperando a que un susodicho caballero les tirara piedrecitas de cortejo. Sentados, abuelitos y abuelitas vestidos con elegancia, sumergidos algunos en periódicos o en algún libro se perdían. Mirando de reojo a los patrones del domingo, criticaban con apuro, sus miradas entre letras y peatones eran su tertulia. La algarabía de una tarde de un domingo en el parque.
Tiempos pasados, color sepia de mis
recuerdos. Como olvidar la ternura de ese ayer preso en la distancia.
Ese ayer que solo ha sido mío. Yo sé, como refresco ese cuento de
hadas y ese manto de momentos en mi mente; como todavía envuelven mi
vida, mis días, mis remembranzas. Ese es mi tesoro, atrapado en una
burbuja de esperanzas, la simplicidad de la vida, días largos, noches
eternas, día de quehaceres, de trabajo, de escuela. Noches de serenata,
noche. Familia reunida. Porqué no volver a esos tiempos porque
dejarlos en el olvido? Si esos simples sucesos marcaron nuestra vida de
valores, amor, educación , disciplina provista por nuestros
progenitores. Ardua faena. Vocación, personas dedicaban su vida, a lo
que apasionaba su espíritu, maestros, pastores, bohemios, declamadores,
poetas, música llenaban los bolsillos del alma.
Cadenciosas caderas de las mulatas, décimas de los campesinos abonaban el conuco de ilusiones. En cualquier bohío entre el techo de cana y tablas de palmas de sus paredes, se escondía una tinaja esperando saciar la sed, un colador de tela derretía en sus fibras el sabor del campo, su aroma revestía la naturaleza de ese fruto tan preciado y deleitado; desde la mas simple hasta la mas alta en edad y nomenclatura.
Cacao, tabaco, plátanos, yuca…. Cosechas de hombres cansados, ellos han sido los verdaderos artistas de la historia y siempre lo serán, los campesinos. Muchachitos maroteando. Campesinas, lavanderas en el río .Cocineras de un fogón de leña, ahumaban sus sueños entre sabores y tradiciones culinarias que hoy día son la identidad de nuestra gastronomía. Analfabetas sabían mas que cualquier sabio, del estado del tiempo, las estrellas, la luna y sus misterios.
Cadenciosas caderas de las mulatas, décimas de los campesinos abonaban el conuco de ilusiones. En cualquier bohío entre el techo de cana y tablas de palmas de sus paredes, se escondía una tinaja esperando saciar la sed, un colador de tela derretía en sus fibras el sabor del campo, su aroma revestía la naturaleza de ese fruto tan preciado y deleitado; desde la mas simple hasta la mas alta en edad y nomenclatura.
Cacao, tabaco, plátanos, yuca…. Cosechas de hombres cansados, ellos han sido los verdaderos artistas de la historia y siempre lo serán, los campesinos. Muchachitos maroteando. Campesinas, lavanderas en el río .Cocineras de un fogón de leña, ahumaban sus sueños entre sabores y tradiciones culinarias que hoy día son la identidad de nuestra gastronomía. Analfabetas sabían mas que cualquier sabio, del estado del tiempo, las estrellas, la luna y sus misterios.

Como reconstruimos el presente, como
le damos alas al futuro que se sienta seguro de si mismo? Volviendo al
pasado para aprender de lo simple y sacrificado del estilo de vida de
ese entonces, donde se digería el tiempo. Vivimos en el presente
olvidando ese pasado nuestro, donde comenzó a instituirse nuestra vida e
identidad ó ¿Nos quedamos aquí en el futuro? Ese cual crees lejano,
esta aquí tan pronto cierre con punto final este escrito.
Esmirna Rivas Tejeda © 2010
"En sepia debí haber nacido, en blanco y negro crecí, de colores pinto mis recuerdos"©2005