LAVANDERA

La Vieja Fefa con un mal matrimonio y un hijo a rastro, una pierna tullía que le dejó el ciclón San Zenón. Andaba de puerta en puerta ofreciendo sus servicios de lavandera. Las vecinas les confiaban el lavao'. Le llevaban la ropa sucia envuelta en sábanas, las cuales ella les devolvía lavadas y planchadas.  Con los chelitos que ganaba alimentaba a su muchachito, el cual andaba como rabito detrás de ella. Entre espumas de jabón, de cuaba y su batea, entre lavadas y planchadas, tullía; con sus penas que las ahogaba, con el estruje de sus manos. Sus uñas sancochadas de tanta humedad, a que las exponía; mandaba su muchachito a la escuela. 

Re-encuentros

 

"En un santiamén revivir memorias confinadas en un baúl, se convierte en una engañosa gruta oscura, sin fondo. Lugares, personas, alimentos, el paisaje; todos se tornan diferentes entre el recuerdo y la realidad".


Sucedía en aquellos días, cuando la luz del sol marcaba el día. Luna, noche sombría, destellos, estrellas fugaces, truenos en la lejanía. Silenciosamente el tiempo se diluía en bohíos tabiscados con estiércol de vaca seca, ya no olía. Tablas de palma, cal embarrada con pintura en colores fuertes, tornaban en tonos pardos, tenues; tal como la vida sin prisa. Techado de canas entretejidas en caballete de palos y pencas de coco. Piso de cemento gris con su color peculiar o sencillamente tierra aplanada, barrida con escoba de ramos silvestres. Remontando su valor histórico, a su identidad Taína, Africana e influencia Europea. Diaria rutina para comer, sembrando, cosechando para subsistir. Lavando atuendos a mano, por encargo. Almidón de yuca para que las costuras y filos no perdieran su forma. Plancha de hierro calentada en las rojizas brazas, de carbón de leña, en un anafe sediento. Humo, vapor, burbujas, jabón de cuaba, batea de madera, cordeles de alambre dulce, bidones para buscar agua, a pie. Rústicas zapatillas “maricutanas” fabricadas con suela y puntillas, marcaban sus pasos en las calles sin aceras, tierra, cascajo, polvo, canillas cenizas. 

Mi bisabuela materna:
Edelmira Tejeda 
Lavandera y Planchadora 
por encargo

Esmirna Rivas Tejeda© 2022
 

Se vestía con resguardo, impecables guantes de encaje, vestido de algodón, enmarcaban su elegante y modesta figura; pequeña, delgada. Anillos ornamentados con piedras coloridas en cada dedo de sus manos, sin ostento. Sombrero medio perfil, redecilla dorada, acariciaba su sonrisa recatada, entrelazada en su pelo ondulado color azabache; piel de porcelana, ojos castaños. En la prontitud, sus zapatos de terciopelo con lazos y hebillas: Opacas, cuadradas, ovaladas, redondas, o ninguna. Cuales afirmaban cada uno de sus pasos, con firmeza y gallardía. Falda con pliegues, cuidadosamente plisados con almidón. Medias cubrían sus tobillos, encajes bordados coincidían con el ruedo de la falda, discreta enagua. Crinolinas varias; tela de tul, botones decorados. Bolso, en su antebrazo izquierdo. Delicado pañuelo  de algodón bordado con sus iniciales. Modista, cosía su propia vestimenta. Parecía una muñequita, pintada con pincel de seda. Sofisticada, discreta; planeaba su salida o diligencias, un día de la semana, por meses consecutivos. Sillas alrededor en la sala de aquel humilde bohío. Días de antemano, escogía su ropa, atuendos y accesorios. Aferrada a su cartera, no la soltaba dondequiera que visitara aunque fuera la iglesia. Nadie nunca supo donde era aquella predecible escapada. Analfabeta. No se casó, ni tuvo hijos. Feneció sola, en aquel bohío de la calle Palo Hincado, donde residía con su madre y cuatro hermanos; pueblo abajo, en el Baní del ayer.

Hermana de mi abuelo materno: 

Dolores (Dolorita) Tejeda 

Lavandera y planchadora

por encargo


Esmirna Rivas Tejeda© 2023


Continúa…


LA BICICLETA

Con el dulce rechinar de sus gomas ya gastadas, su timbre oxidado que más bien tosía en vez de sonar, su bombillo que alumbraba según el roce que producía el movimiento de los pedales, el sillín más duro que una tabla. Así se transportaba un campesino a su parcela, se levantaba antes que los gallos lo delataran guiándose por el lucero de la mañana
y la claridad de la luna, cuando había. Se ponía sus botas de goma, agarraba su cachucha su colín al cinto y se montaba en su bicicleta, la cual en su recorrido en las horas que era mas oscura la noche, lo  acompañaba con su galopar.¿Quién sabe cuantas cosas pasarían por su cabeza? 

HABICHUELAS CON DULCE

Personas no conocedoras de la gastronomía de República Dominicana, cuando nos escuchan referirnos en alguna conversación relacionada con las comidas y/o postres tradicionales, cuales se preparan en diferentes épocas del año. Primeramente las habichuelas o frijoles, como característicamente se nombran, en diferentes países de nuestra Latinoamérica, las leguminosas propias de nuestra culinaria. Les llama la atención, al enterarse, como elaboramos las “habichuelas con dulce" en Cuaresma o Semana Santa, cuando son mayormente consumidas. Para poseer un claro entendimiento de ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Quién inventó ese decadente postre?.

R E T R O C E S O S


En las puertas del armario caduca mi reflejo. En ese espejo empañado por tela arañas del pasado. Vuelven a mi recuerdos, días de escuela, vacaciones, días feriados. Vestidito de domingo, de charol mis zapatos, dos lazos en mi pelo mis pantaletas y sus encajes. Se diluye en mi memoria esa imagen tan mía, de mi niñez.
 
Presa en una estampa de un domingo cualquiera. Fresca tarde, mecedoras, golosinas, helados; un día ya esperado. El parque central allá en Baní, caminado en puntillas deslizándome por las columnas y peldaños, gente alrededor digerían ese ambiente, pero no como yo. Renacen en mi mente esos momentos. La glorieta sus columna y escalones.  protegían las rosas, flores, árboles y sus fragancias. Los bancos de granito y concreto, la estatua, los faroles.  rústicos ladrillos; eran una alfombra mágica de una tarde acogedora. Sonriente brisa refrescaba las risas, correteos de traviesos chiquillos se perdían entre faldas y sombrillas. La banda de música, el trombón y los platillos mataban mi curiosidad.

En un rinconcito dos jovencitos manitas sudadas, con miedo, se descubriera la premura de su amorío. Otros ya mas grandecitos “bulteros” no ocultaban sus conquistas. Ellas, tímidas boquitas pintadas coqueteaban con dulzura y seriedad, risueñas muchachitas con trajecitos de flores. Adornaban su pelo mariposas, cuando delataban sus coqueteos. Parejas y disparejos. Sombreros, esos eran únicos. Hombres altos y esbeltos, unos medio cuerpo, otros doblados por el tiempo, con galantería desvestían su pelo de su atuendo cuando damas solitarias, deambulaban en los pasillos del parque, con cada pisada apostaban esperanzas en la calzada, esperando a que un susodicho caballero les tirara piedrecitas de cortejo. Sentados, abuelitos y abuelitas vestidos con elegancia, sumergidos algunos en periódicos o en algún libro se perdían. Mirando de reojo a los patrones del domingo, criticaban con apuro, sus miradas entre letras y peatones eran su tertulia. La algarabía de una tarde de un domingo en el parque.

Tiempos pasados, color sepia de mis recuerdos. Como olvidar la ternura de ese ayer preso en la distancia. Ese ayer que solo ha sido mío. Yo sé, como refresco ese cuento de hadas y ese manto de momentos en mi mente; como todavía envuelven mi vida, mis días, mis remembranzas. Ese es mi tesoro, atrapado en una burbuja de esperanzas, la simplicidad de la vida, días largos, noches eternas, día de quehaceres, de trabajo, de escuela. Noches de serenata, noche. Familia reunida. Porqué no volver a esos tiempos porque dejarlos en el olvido? Si esos simples sucesos marcaron nuestra vida de valores, amor, educación , disciplina provista por nuestros progenitores. Ardua faena. Vocación, personas dedicaban su vida, a lo que apasionaba su espíritu, maestros, pastores, bohemios, declamadores, poetas, música llenaban los bolsillos del alma.

Cadenciosas caderas de las mulatas, décimas de los campesinos abonaban el conuco de ilusiones. En cualquier bohío entre el techo de cana y tablas de palmas de sus paredes, se escondía una tinaja esperando saciar la sed, un colador de tela derretía en sus fibras el sabor del campo, su aroma revestía la naturaleza de ese fruto tan preciado y deleitado; desde la mas simple hasta la mas alta en edad y nomenclatura.
Cacao, tabaco, plátanos, yuca…. Cosechas de hombres cansados, ellos han sido los verdaderos artistas de la historia y siempre lo serán, los campesinos. Muchachitos maroteando. Campesinas, lavanderas en el río .Cocineras de un fogón de leña, ahumaban sus sueños entre sabores y tradiciones culinarias que hoy día son la identidad de nuestra gastronomía. Analfabetas sabían mas que cualquier sabio, del estado del tiempo, las estrellas, la luna y sus misterios.

Cortesia Otto Piron PhotographyRituales, deidades, danzas, baile de palo y cofradias, preservan esa herencia imborrable, de la madre tierra. Santos e Iglesias. Areitos y macutos danzan ubicándose junto al casabe en lo que fuera una parte de nuestra genética, supuestamente desaparecida. La ciguapa y los puercos cimarrones, todavía deambulan monte adentro, esperanzados de que nadie los eche en el olvido junto con el bacá. Caña de azúcar, bueyes, braceros, peones. Árganas repletas y un burro derrengao', cargando carbón mas todo lo que sus patas hambrientas aguantaran. Buenaventura, abundancia, pobreza siempre han existido. Charlatanería y política sinvergüenza de caudillos, hechos a fuerza de crímenes y desfalcos, no por dignidad y honor ganado con sacrificios de vidas y sangre de valientes en batallas y conquistas. Educación, salud, servicios sociales. ¿Quién? ¿Cual¿Donde existe la solución? Si ese mismo pasado de días simples todavía alberga en el presente la desfachatez de lideres que solo se preocupan por el pueblo cuando esta cerca “la hora del none” hablando caballá, prometiendo "conuquitos en el cielo"... ¿Quien ocupará la silla caliente? 

Como reconstruimos el presente, como le damos alas al futuro que se sienta seguro de si mismo? Volviendo al pasado para aprender de lo simple y sacrificado del estilo de vida de ese entonces, donde se digería el tiempo. Vivimos en el presente olvidando ese pasado nuestro, donde comenzó a instituirse nuestra vida e identidad ó ¿Nos quedamos aquí en el futuro? Ese cual crees lejano, esta aquí tan pronto cierre con punto final este escrito.

Esmirna Rivas Tejeda © 2010

               "En sepia debí haber nacido, en blanco y negro crecí, de colores pinto mis recuerdos"©2005